En 1821, el físico alemán Thomas Johann Seebeck exploró la noción de metales diferentes cuando se unen. Descubrió que se observaban cambios de temperatura entre las uniones y un campo magnético: esto se conoce como efecto Seeback.
A partir de ahí, se descubrió más tarde que el campo magnético formaba parte de la corriente termoeléctrica. El voltaje generado por los dos tipos de cables es lo que se utiliza para medir la temperatura, desde muy alta hasta muy baja.
El umbral de la medición de temperatura depende del tipo de material del cable utilizado y, aunque con una corriente muy baja, se puede generar energía a partir de una unión de termopar.
Los científicos Michael Faraday y Georg Ohm utilizaron el efecto Seeback para realizar experimentos que ayudaran a comprender mejor el impacto y la medición de la temperatura.
A partir de este descubrimiento y tras otras investigaciones realizadas por científicos a lo largo de la historia, se fabricaron los termopares a principios del siglo XX. Desde entonces, la tecnología se ha desarrollado y avanzado hasta lo que es hoy. Ahora se utilizan en muchos aparatos diferentes, desde la preparación de alimentos hasta la fabricación de productos farmacéuticos.




